{"id":158,"date":"2014-08-25T22:23:07","date_gmt":"2014-08-25T22:23:07","guid":{"rendered":"https:\/\/vortice.rocks\/clientes\/tierraviva\/?post_type=noticia&#038;p=4574"},"modified":"2018-02-09T09:31:53","modified_gmt":"2018-02-09T09:31:53","slug":"cuando-el-ayoreo-y-el-tagua-eran-felices","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vortice.rocks\/clientes\/tierraviva\/cuando-el-ayoreo-y-el-tagua-eran-felices\/","title":{"rendered":"Cuando el ayoreo y el tagua eran felices"},"content":{"rendered":"<p>(Cr\u00f3nicas chaque\u00f1as I) Hace solo 40 a\u00f1os la fauna y la flora chaque\u00f1as eran exuberantes, llenas de vida.<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Por Ar\u00edstides Ort\u00edz<\/h6>\n<p><a href=\"https:\/\/vortice.rocks\/clientes\/tierraviva\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/Inmagen-chaco-1.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignundefined wp-image-4575 size-full\" src=\"https:\/\/vortice.rocks\/clientes\/tierraviva\/wp-content\/uploads\/2014\/08\/Inmagen-chaco-1.jpg\" alt=\"Inmagen chaco 1\" width=\"705\" height=\"430\" \/><\/a><\/p>\n<h6><\/h6>\n<p>Berui Picanerai nos gu\u00eda por una de las incontables picadas que se adentran al espeso monte protegido de su comunidad. Berui fue uno del \u00faltimo grupo de totobiegosodes no contactados que sali\u00f3 del bosque en el 2004, asediado por los ganaderos y sus topadoras. \u201cPor aqu\u00ed nosotros nos vamos para cazar\u2026hay muchos animales, pero no como antes\u201d, cuenta.<br \/>\n\u00bfY aqu\u00ed hay todav\u00eda taguas?, pregunto.<br \/>\n-S\u00ed\u2026Hay todav\u00eda\u2026cruzan la picada-, responde Berui, sonriendo.<br \/>\nHab\u00edamos recorrido 450 kil\u00f3metros sobre la ruta Transchaco para llegar a la pr\u00f3spera Filadelfia de los menonitas. El d\u00eda siguiente viajamos 120 kil\u00f3metros sobre terrapl\u00e9n para llegar a Chaidi, el monte de 25 mil hect\u00e1reas donde vive la comunidad de Berui.<br \/>\n-\u00bfQu\u00e9 significa Chaidi?, pregunto a Taguide Picanerai, nuestro gu\u00eda y traductor ayoreo durante el viaje.<br \/>\n-\u201cLugar de los ancestros\u2026\u201d, me responde en su perfecto castellano. Entramos en el predio. Oculto detr\u00e1s de los \u00e1rboles se encuentra el rancher\u00edo donde nos esperaban los miembros de la comunidad.<br \/>\nChaidi es uno de los tantos bloques boscosos producto de la fragmentaci\u00f3n agresiva perpetrada en los \u00faltimos 15 a\u00f1os por la ganader\u00eda. Bloques de montes rodeados por extens\u00edsimas pasturas y millones de vacas que prodigan millones y millones de d\u00f3lares a sus due\u00f1os con la venta de la carne y la leche. Protegido por ley, por varias organizaciones mediombientalistas y, sobre todo, por los miembros de la comunidad, la fauna y la flora de Chaidi son lo m\u00e1s parecido al paisaje natural chaque\u00f1o de hace unos 12.500 a\u00f1os. Este es el tiempo en que se form\u00f3 \u2013seg\u00fan los ge\u00f3logos- el Gran Chaco Americano que compartimos con Argentina y Bolivia. Era entonces una llanura de bosques de vegetaci\u00f3n dura donde, en alg\u00fan momento, aparecieron el totobiegosode y el tagua para ser felices por mucho tiempo. Era \u201cel lugar donde viven muchos chanchos\u201d, que en lengua ayoreo significa \u201cTotobiegosode\u201d.<br \/>\nEntramos en Chaidi. Es como si cayeramos en un t\u00fanel del tiempo que lleva a 12.500 a\u00f1os atr\u00e1s. Un pasado donde el ayoreo y el tagua vivir\u00edan libres y bien alimentados, sujetos a las leyes de la naturaleza.<br \/>\nLa abundante miel<br \/>\nSe inicia el verano en nuestro imaginario viaje al Chaco de miles de a\u00f1os atr\u00e1s. Si lo mir\u00e1ramos desde muy arriba, lo ver\u00edamos pintado de amarillo: es que las flores del algarrobo -diseminado por el espacio- explotan en esta \u00e9poca. Es como una acuarela amarilla. Miles de millones de abejas se lanzan a polinizar las flores del algarrobo. Los enjambres, voraces, chupan el n\u00e9ctar y van, urgidos, a sus colmenas a trabajar la miel. Al cabo de un tiempo, las abejas meleras terminan su trabajo y regalan a los animales e ind\u00edgenas millones de litros de miel pura. \u201cLos ind\u00edgenas del Chaco nunca tuvieron falta de prote\u00ednas, simplemente porque esta regi\u00f3n les ha dado toda las que necesitaban\u201d, nos comenta Jorge Escobar, hornit\u00f3logo e investigador.<br \/>\nPero si nuestro monte imaginario de 246 mil kil\u00f3metros cuadrados (la extensi\u00f3n actual de la planicie chaque\u00f1a) es un jolgorio de algarrobos y abejas meleras, las ra\u00edces y hojas de la vegetaci\u00f3n que entonces aprovechaba el tagua eran incalculables. Estos chanchos silvestres herb\u00edvoros de prominentes cabezas, de a\u00f1os prehist\u00f3ricos, de pelaje duro y erizado gozaban de una abundancia infinita de alimentos. Solo deb\u00edan tomar, con sus fuertes hocicos, las ra\u00edces y las hojas de los arbustos y las plantas. A veces, las manadas de taguas se encontraban fortuitamente con manadas de tapires (el imponente y temible mborevi). El conflicto se resolv\u00eda a favor del segundo, con la estampida de los chanchos silvestres en cantidad inimaginable.<br \/>\nCon el paso del tiempo, no solo el ayoreo se aprovech\u00f3 de la nutritiva carne del tagua: los ishir o chamacocos en la zona oriental pr\u00f3ximos a los r\u00edos Paraguay y Negro, los guaranies \u00d1and\u00e9va en el extremo occidental y los guaran\u00edes occidentales (guarayos o chiriguanos) en la zona suroccidental tambi\u00e9n cazaban al tagua para su alimentaci\u00f3n y recog\u00edan la miel hecha de la flor de algarrobo. La bi\u00f3loga Nancy L\u00f3pez nos cuenta que el tagua \u201ces originario del Gran Chaco Americano, un territorio donde viven desde tiempos inmemoriales\u201d. Si hoy hay con suerte menos de 500 taguas -en serio peligro de extinci\u00f3n por la deforestaci\u00f3n y la caza masiva- en nuestro tiempo imaginario del pasado chaque\u00f1o los taguas eran incontables. Reinaban en este territorio al igual que los ayoreos.<br \/>\nUna masa boscosa inmensa<br \/>\nAquella llanura a un mismo tiempo seca y h\u00fameda conten\u00eda multitud de \u00e1rboles que hoy sobreviven, aunque agonizantes, al asedio ganadero del hombre occidental. Entre las especies dominantes estaban el quebracho blanco, el urundey, el lapacho, el curupay, el timb\u00f3, el guayac\u00e1n, el palo santo, el coronillo, el ybyra pyt\u00e2, el samu\u2019\u00fb, el guajaibi y el caranda\u2019y. En millones y millones, estos \u00e1rboles formaban la estructura del h\u00e1bitat natural chaque\u00f1o, la gran casa donde los ind\u00edgenas viv\u00edan con las dem\u00e1s especies de plantas, insectos, aves, mam\u00edferos y microbios. Era aquello una diversidad biol\u00f3gica impresionante. Describiendo aquel para\u00edso natural del pasado, Escobar destaca que \u201cel Chaco fue un refugio de incontables especies de mam\u00edferos, aves e insectos\u201d. Era un territorio rebosante de vida, \u201cuna masa boscosa de alrededor de 120 mil kil\u00f3metros cuadrados que conten\u00eda millones y millones de toneladas de di\u00f3xido de carbono, lo que contribu\u00eda al equilibrio clim\u00e1tico del planeta\u201d, agrega Miguel Lovera, ingeniero agr\u00f3nomo y ec\u00f3logo.<br \/>\nHasta hace solo 40 a\u00f1os<br \/>\nDe vuelta al presente, al asedio de la ganader\u00eda del hombre occidental, en el refugio llamado Chaidi, pregunto a Taguide Picanerai hace cu\u00e1nto se perdi\u00f3 ese para\u00edso natural que acabamos de describir. \u201cHace apenas 40 a\u00f1os todav\u00eda viv\u00edamos en ese para\u00edso\u2026era todav\u00eda el lugar donde viv\u00edan muchos chanchos\u2026\u201d, responde con nostalgia.<br \/>\n\u201cLa deforestaci\u00f3n en el Chaco antes de 1980 se acometi\u00f3 a una escala subordinada a las fuerzas de la naturaleza\u201d, recuerda Miguel Lovera. Ya estaban los menonitas, quienes llegaron en 1927; hac\u00eda tiempo que la empresa Carlos Casado explotaba los quebrachales. Pero los desmontes que estos realizaban eran \u201cgotas en un mar de bosques\u201d, concluye Lovera.<br \/>\nPor aquel a\u00f1o 97 vendr\u00edan las grandes topadoras de 8 cilindros y 600 caballos de fuerza, para la desgracia del ayoreo y del tagua. Las fr\u00edas m\u00e1quinas tumban millones de hect\u00e1reas de bosques para dar pastura a millones de cabezas de ganado vacuno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Cr\u00f3nicas chaque\u00f1as I) Hace solo 40 a\u00f1os la fauna y la flora chaque\u00f1as eran exuberantes, llenas de vida. Por Ar\u00edstides Ort\u00edz Berui Picanerai nos gu\u00eda por una de las incontables picadas que se adentran al espeso monte protegido de su comunidad. 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